Hay que agradecer a veces a los enemigos. Al decidir cerrar el estrecho de Ormuz a los petroleros estadounidenses y aliados, Irán acaba de ofrecer a Donald Trump el más hermoso de los regalos políticos: una crisis internacional a medida, diseñada para sus talentos de comunicador y sus promesas de firmeza.
Chris Wright, el secretario de Energía, lo confirmó este domingo según el New York Times: el estrecho "sigue siendo peligroso para los petroleros" debido a los "proyectiles y minas" iraníes. Los precios de la energía "podrían seguir altos", advierte, sin "garantía" de una baja próxima. Traducción: prepárense para pagar más por su gasolina mientras Washington orquesta su respuesta.
El teatro geopolítico perfecto
Porque de teatro se trata. El estrecho de Ormuz, ese estrecho de 54 kilómetros por el que transita una quinta parte del petróleo mundial, se ha convertido en el tablero ideal para una partida de ajedrez donde cada bando tiene interés en mantener la tensión. Irán despliega allí sus minas y misiles, Trump agita su retórica belicosa pidiendo "apoyo internacional" para asegurar el paso.
Pero veamos los hechos: ¿desde cuándo Estados Unidos necesita el petróleo del Golfo? La América de 2026 produce más hidrocarburos de los que consume. Esta crisis del estrecho de Ormuz afecta sobre todo a Europa y Asia, no a Houston o Dakota del Norte. Trump lo sabe perfectamente.
El arte de transformar una limitación en ventaja
Por eso esta escalada iraní llega en el momento perfecto para un presidente que ha prometido "restaurar la fuerza estadounidense" frente a los "regímenes canallas". Cada proyectil disparado por los Guardianes de la Revolución, cada mina colocada en las aguas del estrecho se convierte en una justificación adicional para la política de "máxima presión" que Trump ha vuelto a poner de moda.
¿Los altos precios de la energía? Una prueba de que América debe "recuperar el control". ¿Los aliados europeos que suplican a Washington que intervenga? La demostración de que el mundo necesita el liderazgo estadounidense. ¿Las críticas que denuncian una escalada peligrosa? "Debiluchos" que no entienden que "la paz pasa por la fuerza".
Esta retórica funciona aún mejor porque Irán desempeña perfectamente su papel de espantapájaros. Al cerrar el estrecho, Teherán valida todos los discursos trumpianos sobre la necesidad de "hacer frente" a los adversarios de América. Es un círculo vicioso perfecto: cuanto más endurece el tono Irán, más Trump puede justificar su línea dura, lo que empuja a Irán a endurecer aún más su postura.
Los verdaderos perdedores de esta partida
Mientras Washington y Teherán se enfrentan a través de comunicados, ¿quién realmente paga la cuenta? Los consumidores europeos y asiáticos, obligados a buscar rutas alternativas más costosas. Las compañías petroleras, que ven cómo sus márgenes se reducen ante los costos de seguros y seguridad. Los países emergentes, para quienes cada dólar adicional por barril representa un freno al crecimiento.
Pero también, paradójicamente, los propios ciudadanos estadounidenses. Porque si bien Estados Unidos ya no importa masivamente petróleo del Golfo, sigue estando sujeto a las fluctuaciones de los precios mundiales. Cuando el barril se dispara debido a una crisis geopolítica, los automovilistas de Ohio o Florida lo sienten en la bomba, incluso si su gasolina proviene de Texas.
La ilusión del control
Aquí radica toda la habilidad —y la peligrosidad— de esta estrategia trumpiana. Al transformar cada crisis en una oportunidad de comunicación, al presentar cada escalada como una prueba de su determinación, Trump alimenta la ilusión de que controla los acontecimientos.
Pero, ¿qué pasará si Irán decide realmente cerrar completamente el estrecho? ¿Si un petrolero explota en una mina? ¿Si esta guerra de nervios degenera en un conflicto abierto? Wright mismo reconoce que no hay "ninguna garantía" de que los precios bajen pronto. Traducción: nadie realmente controla esta escalada.
La trampa de la sobrepuja
Este es el verdadero peligro de esta crisis fabricada: empuja a ambos bandos hacia una sobrepuja de la que nadie saldrá ganando. Trump necesita mostrar su firmeza, Irán necesita demostrar que no cede ante las presiones. Entre ambos, el estrecho de Ormuz se convierte en un barril de pólvora donde la más mínima chispa puede hacer que todo explote.
Los ciudadanos, por su parte, son invitados a aplaudir este espectáculo geopolítico pagando más por su gasolina. Y a confiar en líderes que transforman cada crisis en una oportunidad electoral, cada tensión en un argumento de campaña.
Irán cree estar avergonzando a Trump al cerrar el estrecho. En realidad, le ofrece exactamente lo que necesitaba: un enemigo a su medida y una crisis a medida. Lo más irónico es que Teherán ni siquiera se da cuenta.
