Se necesita cierta audacia para anunciar simultáneamente que se "obliteran al enemigo" mientras se le ofrecen regalos económicos. Sin embargo, eso es exactamente lo que hace Donald Trump hoy con Irán: por un lado, se niega a cualquier alto el fuego proclamando su superioridad militar, y por el otro, su departamento del Tesoro levanta las sanciones sobre el petróleo iraní. Bienvenidos a la era de la política espectáculo, donde las palabras y los actos evolucionan en universos paralelos.

La retórica de guerra para ocultar los compromisos

"No me interesa un alto el fuego porque estamos obliterando al otro bando", declaró Trump según el New York Times. Esta frase, digna de una película de acción de Hollywood, suena perfectamente para las redes sociales y los mítines. Aplaude el ego nacional, tranquiliza a los partidarios de la línea dura y da la impresión de una América todopoderosa que dicta sus condiciones.

Sin embargo, al mismo tiempo, la administración Trump autoriza discretamente la levantamiento de sanciones sobre el petróleo iraní. Curiosa manera de "obliterar" a un adversario que permitirle vender su oro negro en los mercados internacionales. Esta decisión, que tendrá repercusiones importantes en los precios mundiales del petróleo y las finanzas iraníes, pasa casi desapercibida ante el estruendo mediático de las declaraciones bélicas.

La infantilización sistemática de los ciudadanos

Esta contradicción no es un accidente de comunicación. Revela una estrategia deliberada que considera a los ciudadanos incapaces de seguir dos informaciones simultáneamente. Por un lado, se les sirve la sopa emocional de la victoria militar. Por el otro, se negocian en la sombra arreglos pragmáticos que contradicen totalmente el discurso público.

Este método no es nuevo, pero Trump lo ha perfeccionado. Ha comprendido que la opinión pública retiene más las fórmulas impactantes que las decisiones técnicas. Resultado: mientras los comentaristas debaten su retórica guerrera, los verdaderos desafíos económicos y geopolíticos se deciden sin debate democrático.

Los medios, cómplices por pereza

Los medios de comunicación convencionales caen en la trampa con una regularidad desconcertante. En lugar de poner de relieve esta contradicción flagrante, tratan por separado las declaraciones trumpianas y las decisiones del Tesoro, como si se tratara de dos temas distintos. Esta compartimentación de la información permite a los políticos mantener sus discursos dobles sin ser confrontados con sus incoherencias.

El New York Times informa de los hechos, pero ¿dónde está el análisis que conecta los puntos? ¿Dónde están las preguntas que incomodan? Esta pereza intelectual transforma a los periodistas en estenógrafos del poder, incapaces de revelar las manipulaciones más evidentes.

Los verdaderos desafíos detrás del teatro

Porque detrás de esta mascarada se esconden desafíos mucho más serios que las fanfarronadas presidenciales. La levantamiento de las sanciones petroleras iraníes va a modificar el equilibrio geopolítico en Oriente Medio, influir en los precios del crudo y potencialmente reforzar un régimen que se dice combatir.

Esta decisión sugiere que, a pesar de los discursos belicosos, la administración Trump en realidad privilegia un enfoque transaccional con Teherán. Quizás porque la situación militar no es tan favorable como afirma el presidente. Quizás porque los aliados europeos presionan por una desescalada. Quizás simplemente porque los intereses económicos estadounidenses dictan esta apertura.

La obsolescencia del debate democrático

Pero lo más grave en este asunto no es ni la incoherencia trumpiana ni la complacencia mediática. Es la aceptación tácita por parte de los ciudadanos de esta esquizofrenia política. Nos hemos acostumbrado a que nuestros líderes mientan, se contradigan y nos manipulen. Peor aún: encontramos esto normal.

Esta normalización de la duplicidad política firma el fracaso de nuestro sistema democrático. ¿Cómo se pueden tomar decisiones informadas cuando la información está deliberadamente fragmentada y es contradictoria? ¿Cómo se puede responsabilizar a nuestros elegidos cuando evolucionan en un universo donde las palabras ya no tienen sentido?

Retomar el control del debate

Es hora de exigir a nuestros líderes que asuman sus contradicciones. Cuando Trump dice "obliterar" a Irán mientras levanta las sanciones, hay que confrontarlo con esta incoherencia. Cuando los medios tratan esta información por separado, hay que recordarles su misión de desentrañamiento.

La democracia no puede sobrevivir en un entorno donde los ciudadanos están sistemáticamente desinformados y manipulados. Exige electores capaces de ver más allá de los efectos de la retórica, de conectar los hechos entre sí y de sancionar a los políticos que los toman por idiotas.

Trump juega al póker mentiroso con Irán. Pero el verdadero problema es que aceptamos jugar con cartas marcadas.