Mientras los mercados europeos digieren este jueves por la mañana las implicaciones de la nueva escalada comercial estadounidense —París y Fráncfort abrieron en rojo antes de estabilizarse hacia las 10:05—, una verdad se impone: Donald Trump acaba de transformar su más amarga derrota judicial en un pretexto para una ofensiva comercial aún más agresiva.
Los hechos son obstinados. El martes, la Corte Suprema invalidó por 6 votos contra 3 el uso que Trump hacía de la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional (IEEPA) para imponer sus aranceles. "El presidente Trump no estaba autorizado por la IEEPA para imponer aranceles", decidieron los jueces. Una bofetada constitucional que debería haber calmado los ímpetus proteccionistas.
Fallido. Menos de 48 horas después, la administración lanza una investigación bajo la Sección 301 dirigida a la Unión Europea, China, India y México. El mensaje es claro: si los tribunales nos prohíben un camino, encontraremos otro.
El arte de perder ganando
Esta secuencia revela el callejón sin salida intelectual del trumpismo económico. Desde 2017, esta administración confunde sistemáticamente guerra comercial y política industrial. Los aranceles ya no son una herramienta de negociación temporal, sino un fin en sí mismo, un marcador ideológico que debe sobrevivir a todos los obstáculos legales.
El momento de este anuncio no es inocente. Mientras Shanghái y Tokio cerraron sus puertas en sesiones sombrías —el índice SSE perdió un 1,2% por los temores a una nueva escalada—, y Wall Street se prepara para abrir en unas horas en medio de incertidumbres, Trump apuesta por el efecto sorpresa para imponer su agenda.
Pero veamos los números con lucidez. Según los datos del Departamento de Comercio que reporta el New York Times, los aranceles de Trump han costado a los consumidores estadounidenses más de 80 mil millones de dólares desde 2018, sin crear el más mínimo empleo industrial sostenible. Peor aún: han alimentado la inflación que esta misma administración dice combatir.
Sección 301: el arma de destrucción masiva del comercio
La investigación de la Sección 301 no es un detalle técnico. Es el arma nuclear del derecho comercial estadounidense, aquella que permite imponer sanciones unilaterales sin pasar por la OMC. Trump ya la había utilizado contra China en 2018, desatando una guerra comercial cuyas cicatrices aún no se han cerrado.
Apuntar simultáneamente a la UE, China, India y México es una fuga hacia adelante. Estas cuatro entidades representan más del 60% del comercio exterior estadounidense. Como señala CNBC en su análisis matutino, es declarar la guerra a sus principales socios económicos en un momento en que la economía mundial lucha por recuperar el aliento post-pandémico.
La ironía es sabrosa: Trump pretende defender la industria estadounidense atacando las cadenas de valor que la alimentan. Los fabricantes de automóviles de Michigan dependen de las piezas mexicanas, los gigantes tecnológicos de Silicon Valley de los componentes asiáticos, los agricultores del Medio Oeste de los mercados europeos.
Los perdedores y los ganadores
¿Quién se beneficia de esta escalada? Ciertamente no los consumidores estadounidenses, que pagarán la factura a través de precios más altos. Tampoco las empresas exportadoras, que sufrirán las represalias inevitables. La BBC recuerda oportunamente que las anteriores guerras comerciales de Trump costaron 300,000 empleos en la agricultura estadounidense.
Los verdaderos beneficiarios están en otro lugar: los lobbies proteccionistas que financian las campañas republicanas, los abogados especializados en derecho comercial que se llenarán de litigios, y sobre todo los competidores geopolíticos de Estados Unidos que ven a Washington alienar a sus aliados tradicionales.
Porque ahí está el paradoja: al querer "devolver la grandeza a América", Trump la aísla metódicamente. Mientras Washington multiplica las investigaciones comerciales, Pekín teje pacientemente sus nuevas rutas de la seda, y Bruselas negocia acuerdos de libre comercio con el sudeste asiático.
Se acerca la hora de la verdad
Los mercados europeos, que cerrarán sus puertas en unas horas, ya han integrado esta nueva realidad. Pero es en la apertura de Wall Street, en cinco horas, donde realmente caerá el veredicto. ¿Continuarán los inversores estadounidenses, que durante mucho tiempo han fingido creer en las virtudes de las guerras comerciales, financiando esta fuga hacia adelante?
La respuesta dirá mucho sobre el estado de la economía política estadounidense. Porque detrás de esta investigación de la Sección 301 se oculta una pregunta más profunda: ¿son los Estados Unidos aún capaces de llevar a cabo una política económica racional, o están condenados a la escalada permanente?
La Corte Suprema acaba de recordar que existen límites constitucionales al poder presidencial. Resta saber si los mercados financieros también sabrán imponer sus límites a esta deriva proteccionista. La apertura de Wall Street en unas horas nos lo dirá.
Mientras tanto, una certeza: esta nueva escalada comercial no creará un solo empleo industrial estadounidense. Pero enriquecerá aún más a los abogados de K Street.
